INDORCA, UN FARO EN LA LUCHA POR LA COLECTIVIZACIÓN DE EMPRESAS EN VENEZUELA

Una de las pocas empresas bajo control obrero en Venezuela pugna por sobrevivir en un contexto económico y político lleno de peligros y contradicciones

Por Josep M. Martorell Calaf

INDORCA es una empresa sin patrón, donde todo se decide en la asamblea formada por las 39 trabajadoras de la plantilla, en plena igualdad. A INDORCA todos cobra exactamente lo mismo, haga el trabajo que haga o tenga la antigüedad que tenga. Y la gestión económica es a la vista de todas, en una gran pizarra en la sala de reuniones, garante de una transparencia absoluta. Es el resultado de más de diez años de lucha, de un periplo que arranca con despidos masivos y la organización sindical de las trabajadoras, y que sigue con una obstinada lucha contra una justicia parcial, años de carestía, boicots, sabotajes y mercenarios .

Es también el punto de partida de innovadoras formas de lucha revolucionaria en el frente laboral, de dinámicas que van más allá de lo que entendemos por sindicalismo

Su historia, muy poco conocida incluso en Venezuela, no sólo nos permite entender la realidad de las pocas empresas bajo un control obrero real en este país. Es también el punto de partida de innovadoras formas de lucha revolucionaria en el frente laboral, de dinámicas que van más allá de lo que entendemos por sindicalismo: INDORCA es el escenario de la primera «batalla productiva». Finalmente, nos permite acercarnos a la compleja relación entre la nacionalización de empresas y las experiencias de control obrero , hoy atacadas desde varios frentes en Venezuela.

Y es que Industrias del Orinoco CA (INDORCA) no recibe ninguna ayuda del Estado, ya que no es una empresa nacionalizada. La plantilla se aferra a la reforma de la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y Trabajadoras (LOTTT) que haga Chávez en 2012, poco antes de morir, y que permite que las trabajadoras gestionen directamente una empresa que, fraudulentamente, sea liquidada por el empresario. Pero lo hace en un contexto donde avanzan sectores reformistas que no reivindican ya el último Chávez sino el de 1998, el anterior al Golpe de Timón , lo que todavía tenía ilusiones en el capitalismo y que, si bien apostaba por la democratización de la lava petrolera y se oponía a las privatizaciones, lo hacía en el marco de una economía mixta que respetara la propiedad privada.
Una singular experiencia de lucha

En los años 60, con Rómulo Betancourt, el modelo extractivista plantó en Guayana, al este del país, un vasto tejido industrial destinado a optimizar el suministro de materias primas a la metrópoli: principalmente hierro, acero y aluminio. Alimentada por la inagotable y gratuita potencia eléctrica de la toma del Guri, y con el Orinoco como vía de salida al mar, la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) se convirtió en un gigantesco aglomerado industrial especializado en productos metálicos con poco valor agregado, que hoy ocupa unas 20.000 trabajadoras.

Fruto del Plan Guayana Socialista 2009-2019 , muchas de estas empresas fueron nacionalizadas. Sin embargo, INDORCA, de unas doscientas trabajadoras, quedó en manos de su propietario, el argentino Óscar Giménez Ayesa, dueño de 9 empresas más en la zona, así como del Banco Guayana ꟷprivatitzat el 1996ꟷ. INDORCA es una empresa metal-mecánica que produce todo tipo de piezas de acero, mecanizadas o no. Desde simples piezas roscadas, hasta complejas cabezales de pozo para extracción de petróleo o enormes silos de acero. En un contexto de creciente desinversión en la zona que se inicia en 2008, la empresa fue gradualmente abandonada por su dueño, que hacer despidos masivos hasta dejar tan sólo 40 trabajadoras.

Cuando llegas a INDORCA no tienes la sensación de encontrar una empresa en funcionamiento, más bien parece una fábrica abandonada, rodeada de vegetación tropical que crece fuera de control, y un pequeño rebaño de cabras pasto bajo un remolque oxidado. Pero allí se trabaja, y mucho. Víctor Mujica es tornero y el actual vicepresidente, miembro de la junta por decisión de la asamblea. Repasa su compleja historia de lucha, que comienza con síntomas de desinversión en 2008 y sigue con dos despidos masivos, el despido de todas las miembros del sindicato, una larga serie de pleitos en los que la justicia siempre resolvió a favor de Óscar Giménez y, finalmente, la suspensión total de pagos en julio de 2012.

La asamblea decidió ocupar la fábrica hasta que se les pagara. Este es el punto de inflexión que precipitó la plantilla a una lucha las consecuencias no era posible imaginar.

Las miembros del sindicato despedidas, sin embargo, nunca desvincularse de la lucha. Y cuando el dueño quería dar un mes de vacaciones en todo el mundo mientras ꟷpretesamentꟷ reunía el dinero necesario para pagar los salarios atrasados y las indemnizaciones, el sindicato descubrir una maniobra para desguazar la empresa y vender la maquinaria. La asamblea decidió ocupar la fábrica hasta que se les pagara. Este es el punto de inflexión que precipitó la plantilla a una lucha las consecuencias no era posible imaginar.
A todo esto, en mayo de 2012 había entrado en vigor la reforma de la LOTTT que, en su artículo 149 « Protección de las fuentes de trabajo y de los puestos de Trabajo », permitía, a petición de las trabajadoras, « ordenar la empleos de la Entidad de trabajo cerrada y el reinicio de las actividades productivas […] . A tal efecto, convocará al patrono o patrona, trabajador, trabajadoras y sus organización social, para la instalación de una Junta Administradora Especial. » La plantilla no pensaba colectivizar la empresa, tan sólo querían cobrar lo que les debían. Pero esta reforma de Chávez haría surgir un nuevo tipo de empresas que, por más que en un limbo jurídico permanente, podrían convertirse en verdaderas colectivizaciones. CALDERYS y Equipetrol, empresas vecinas, habían seguido este camino antes que INDORCA.

Solidaridad y apoyo mutuo: claves de la victoria

Llegaron los momentos más difíciles. Los tribunales ordenaron el desalojo de la empresa pero, apoyada por las compañeras de CALDERYS y Equipetrol, la plantilla guardo la sentencia y resistió los sucesivos embates policiales. Durante dos años y medio acudían todas, mensualmente, a una audiencia que nunca se celebraba, ya que encausar individualmente.

Durante tres años y medio, cerradas en la fábrica y sin cobrar, sobrevivieron organizando rifas, gracias a colectas de comida y dinero de las empresas vecinas, cultivando un huerto, criando cabras. Incluso Resolver practicando una intensa cacería de iguanas. Alternaban para buscar pequeños trabajos fuera y compartían el salario. Lo rememoraban los Charles Cordero, padre e hijo, en el cobertizo donde vivieron aquellos años. Allí colgaban los chinchorros para dormir, hacían guardia, celebraban las asambleas … organizaban los viajes a la fiscalía, a gobernación … y al Ministerio de Trabajo, en Caracas. Allí dormían varios días en la acera esperando que los atendieran.

No fue hasta la llegada de Jesús Martínez como nuevo ministro de Trabajo, persona comprometida con las luchas obreras, que consiguieron fecha para la activación del artículo 149: 23 de marzo de 2015. Pero, quince días antes , un grupo armado asalta la empresa y encañona a las trabajadoras de guardia: Denis Bermúdez era una. Me lleva donde llevarlos a punta de pistola y atarlos y amordazarlos, mientras inutilizaban la planta.

Actualmente, con más de dos mil voluntarias inscritas en todo el país, han organizado ya diecisiete batallas productivas

Fue un golpe duro. Pero también significó el nacimiento de las «batallas productivas». Trabajadoras de CALDERYS, Equipetrol y CARBONORCA, impactadas por aquel evento y organizadas por personas como Sergio Requena, acudieron a INDORCA para reparar los desperfectos gratuitamente. Fue esta muestra de solidaridad la que permitió a INDORCA culminar su lucha, y significó también el nacimiento del Ejército productiva Obrero(EPO), aunque en aquella época no tenía nombre ꟷi no tendría hasta 2017ꟷ. Militantes de esta organización, inicialmente muy informal, son las que asesoraron las trabajadoras de las cuatro empresas de Guayana que hoy están bajo control obrero. Actualmente, con más de dos mil voluntarias inscritas en todo el país, han organizado ya diecisiete batallas productivas: se trata de expediciones en las que profesionales diversas, de forma gratuita y coordinadas por la EPO, se desplazan a empresas colectivizadas o nacionalizadas en dificultades, reparando averías que, por falta de recursos, anulan o disminuyen la productividad de estas.

La realidad del control obrero en la Venezuela de hoy

Volviendo a INDORCA, en marzo de 2015 constituyeron, por fin, la junta administradora especial según el artículo 149. Pero la lucha no termina aquí. Hubo un par de años de más facilidades, mientras Juan Arias era ministro de Industria y Sergio Requena fue nombrado presidente de CORPIVENSA (Corporación de Industrias intermedias de Venezuela SA). Ambos hicieron tándem para fortalecer las pocas empresas bajo control obrero de Guayana. En 2017 INDORCA conseguía su primer contrato con una empresa estatal, VENALUN: la plantilla remontó hasta 42 trabajadoras. Desde CORPIVENSA Sergio fomentaba las dinámicas de apoyo mutuo de la EPO y, gracias a ello, 11 empresas recuperaban o potenciaban la capacidad productiva .

Pero pronto ambos fueron destituidos. Este modelo toca muchos intereses. En primer lugar, porque no deja comisiones para la burocracia en cada operación. En segundo lugar, porque estimula las trabajadoras a apoderarse de los medios de producción sin necesitar un capital o un estado que las tutele. Así, Juan Arias fue sustituido en junio de 2018 por Tareck El Aissami ꟷadvocat criminólogo sin ninguna experiencia en el sectorꟷ y, al cabo de un mes, tocó darle al Sergio. INDORCA no ha vuelto a firmar un contrato con una empresa estatal. Se acabaron también los beneficios equiparables a los de las empresas estatales: la caja CLAP, medicinas a través de FARMAPATRIA …

La burguesía, al que no se sacó nunca el poder económico, redobla su ofensiva y, ante ello, la salida del gobierno de Maduro no fue hacia la plena expropiación y la planificación económica, sino hacia políticas de conciliación

Efectivamente, después de la muerte de Chávez en 2013, llega la crisis y empiezan las medidas de ajuste. La burguesía, al que no se sacó nunca el poder económico, redobla su ofensiva y, ante ello, la salida del gobierno de Maduro no fue hacia la plena expropiación y la planificación económica, sino hacia políticas de conciliación, levantando el control de precios y promoviendo la supuesta burguesía revolucionaria o patriota, en la que se están vendiendo muchas empresas antes nacionalizadas. Un caso emblemático es el de la cadena de distribución Éxito, nacionalizada como Abastos Bicentenario SA en tiempos de Chávez y hoy otra vez privatizada o, en el campo agroalimentario, Arroz del Alba SA Se palpa en el actual retorno de tierras a latifundistas, o cediéndola a burócratas y militares,Ley Constitucional de Inversión Extranjera Productiva , sancionada en diciembre de 2017 por el ANC, que incluso va en contra de antiguos decretos de Chávez para proteger los recursos naturales.

Este contexto de privatizaciones, de fortalecimiento de la burocracia y de la burguesía nacional, y de fomento de inversiones transnacionales se deja notar en el retroceso de las pocas experiencias de control obrero que se habían dado con Chávez. Así, algunas empresas que habían llegado a autogestionarse según el 149, los últimos años han pasado a ser gestionadas directa o indirectamente por el Estado. La fábrica de conservas UPSA La Gaviota es una de las empresas afectadas por el 149 pero donde, actualmente, hay una mayoría de representantes del Estado en la junta administradora especial. Es el mismo caso de la planta de Petare de Smurfit Kappa, que había sido un referente del control obrero.

Por otra parte, el gobierno de Maduro hace tiempo que ha frenado las expropiaciones con la intención de atraer inversiones. Si un propietario abandona la empresa, el gobierno aplica de forma indebida del artículo 149 para recuperarla: sin que haya una petición de la plantilla, impone una junta de burócratas para gestionarla, lo que hace que la empresa siga siendo propiedad del antiguo dueño. Estas recuperaciones de empresas por el Estado se proyectan como experiencias de control obrero sin serlo. Es el caso de Kimberly Clark, recuperada en 2016, y de Alimentos Kellogg ‘s, en 2018.

Hoy no existe ningún registro de empresas bajo un control obrero real en Venezuela, pero todo indica que hablamos de una décima. Las fórmulas legales que las amparan, sin embargo, son varias. La costurera Heroínas de Aragua ꟷantiga franelas Gotchaꟷ, donde la lucha comenzó en 2004, mucho antes de la reforma de la LOTTT de 2012, luchó para ser reconocida de utilidad pública y expropiada. Con todo, se rige por un comité de fábrica integrado exclusivamente por mujeres costureras de la empresa. INTERCERAMI CA, en Lara, fue abandonada en 2013, pero optaron por la vía comunal, constituyéndose en empresa de propiedad directa comunaly hoy es EPSDC Alfareros del Gres: rinden cuentas a la común de aquel territorio y no al Estado. Alina Foods CA, en cambio, fue abandonada en mayo de 2015 y, con Jesús Martínez como ministro, obtuvo el 149 en octubre del mismo año: actualmente resiste a un decreto de nacionalización no consultado con la plantilla y que podría sustituir el control obrero. Finalmente, cuatro empresas de Guayana: Calderys Refractarios Venezolanos SA, Equipetrol CA, CE Minerales de Venezuela SA, e INDORCA, son gestionadas por una junta administradora especial según el 149.

Expectativas del control obrero en Venezuela

En las empresas estatales las trabajadoras cobran ꟷencara que pocꟷ independientemente de la producción, o incluso si la empresa está totalmente parada durante años por una avería. Pero las empresas bajo control obrero, formalmente, son privadas: si no facturan, las trabajadoras no cobran. INDORCA no recibe encargos de empresas estatales. Las grandes empresas privadas de Guayana, por otra parte, cierran filas con Óscar Giménez contra sus antiguas trabajadoras y también las boicotean. A quién vende, así pues, INDORCA? A pequeñas empresas privadas nacionales de la zona ya grandes transnacionales. Estas últimas aceptan encargos de las poderosas empresas estatales, y subcontratan parte de estos trabajos a INDORCA, que acaba trabajando igualmente para el Estado, pero de forma tercerizada.

De camino hacia INDORCA por una de las polvorientas pistas de tierra, paramos ante una gran parcela vallada. Está llena de las más variadas piezas: grandes escalas, silos, planchas metálicas, vigas de acero… Es una nueva planta de pre-reducción de mineral de hierro por encargo del Estado: la han llevado entera, a piezas , desde China. « Mira, ¿qué ves? Eso son escaleras, silos… ¿crees que todo eso no se hubiera podido acero en INDORCA? Y hubiera Sido cuatro veces más barato ».

No todos los puntos de vista son tan rotundos sobre el peligro que representan las nuevas alianzas internacionales para la Revolución Bolivariana. Muchas lo entienden como una fase en la agudización de la lucha contra el imperialismo norteamericano y como la única salida, hoy por hoy, el feroz bloqueo. Aunque crear nuevas vulnerabilidades, estas alianzas ayudarían objetivamente a reducir la dependencia respecto de la metrópoli ancestral, EEUU y Europa. Una fase que habría que aprovechar para ganar soberanía, para reinvertir la renta extractivista en desarrollar industrialmente, agraria y tecnológica el país. Pero sería iluso entender estos acuerdos con Rusia, China, Turquía, Irán … como relaciones internacionalistas. La cuestión no es sencilla pero, en cualquier caso, no parece que las privatizaciones y las políticas de conciliación con la burguesía, por muy patriótica que sea, puedan entenderse de la misma manera. El retroceso actual del control obrero en Venezuela responde a todos estos factores.

Serán capaces las trabajadoras de mantener sus conquistas? Vendrán nuevos retos y luchas para INDORCA, no hay duda.

Por otra parte, el artículo 149 de la LOTTT describe una situación provisional; no está pensado para definir un sistema de gestión permanente de una empresa. Esto hace que se tenga que renovar cada año con el ministerio, poniendo estos proyectos periódicamente a merced de la burocracia. La salida lógica a esta situación provisional parece que vaya a ser la nacionalización pero, en este caso, la gestión recae formalmente en el Estado y no ya en las trabajadoras.

Sea como sea, hoy el verdadero control obrero no forma parte de la agenda del gobierno. Aún así, INDORCA tira despacio adelante, la plantilla aumenta, crece entre la maleza. ¿Qué pasará si algún día el Estado se decide a nacionalizarla? Los impondrá, a cambio, una dirección desde Caracas y terminará la autogestión, la horizontalidad y la transparencia? Serán capaces las trabajadoras de mantener sus conquistas? Vendrán nuevos retos y luchas para INDORCA, no hay duda.

INDORCA, un far en la lluita per la col·lectivització d’empreses a Veneçuela

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